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domingo, 11 de septiembre de 2011

España supera la encerrona

Cuando pierdes un partido por veintisiete puntos y haces una piña en el centro del campo, saltando y brincando como si hubieras logrado el más sufrido de los éxitos, algo no cuadra. Esa fue la actitud de la selección francesa tras caer ante España (69-96) en un encuentro marcado por la especulación de Vincent Collet. Lo que podía haber sido uno de los mejores partidos que se pueden presenciar hoy día en el baloncesto FIBA se convirtió en una tranquila y apacible pachanga estival. La tensión, el choque y el pique sano dieron paso a un espectáculo circense impropio de un Europeo. 

Las estadísticas dan paso a la crítica desaforada de una actitud legítima aunque carente de moral. Para todos aquellos que hubieran tenido entre sus manos la edición dominical de L'Équipe, la a priori sorpresa se hubiera tornado en la crónica de una muerte anunciada. Con un más que sospechoso 'Aire para Francia (Le Bleu en el país vecino)' titulaba el prestigioso rotativo galo la previa del encuentro. Y es que, con ambos equipos ya clasificados, Francia sirvió en bandeja la primera plaza del grupo a España. Así, sin más. Desde el país del champagne y la moda de alta costura, en esta ocasión la clase y el glamour brillaron por su ausencia. España esperará al lunes a que termine el Eslovenia-Finlandia para conocer la próxima piedra en el camino. En Francia saben que se medirán a Grecia.

Menospreciando al rival, Collet y su equipo técnico creen que la rejuvenecida plantilla helena no es rival para los atléticos cuerpos de ébano que inundan la geografía francesa. El siempre temido cruce de cuartos será, esta vez con la plana mayor sobre el parqué, puro trámite y tocará esperar una semifinal más liviana sin la anfitriona, a quienes superaron el pasado viernes por 67-73, enfrente.  Detrás de todo, se perseguía alejar a los fantasmas del pasado. En el Europeo de Polonia en 2009, una canasta de Nando de Colo propició una desigual lucha con España en cuartos. 66-86 para los de Scariolo y a casa. Un año más tarde, en el Mundial de Turquía, la inesperada derrota ante Nueva Zelanda les emparejó con la anfitriona. Nuevo batacazo (95-77), maletas y vuelo directo al imponente aeropuerto Charles de Gaulle.

No hay que andar muy avispado para deducir que el buen aficionado a este deporte disfrutó más con el Macedonia-Georgia del pasado jueves. Nada de exageraciones.  Con Parker y Noah bromeando, cuando no bostezando, en la silla el partido quedó visto para sentencia después de veinte minutos de despiste. Y no lo hizo antes porque Pau, Navarro y compañía se contagiaron de la desidia del enemigo. Un quinteto para el recuerdo con Albicy, Batum, Pietrus, Diaw y Traoré aguantaba en el marcador (22-21, min.10). La misma dinámica en el segundo cuarto con Kevin Seraphin (18 puntos), el quinto NBA del equipo, bailando en la pintura con el disfraz de Olajuwon adherido a su fibrada musculatura. Navarro (14 puntos sin fallo) aprovechaba la inoperancia defensiva para dejar patente que su muñeca no le abandonará nunca. Cuando el escolta del Regal Barcelona, con tres personales, es quien más achucha a los rivales, algo falla.

Tras el descanso las peores sospechas acabaron por confirmarse. La igualdad en el marcador pasó a mejor vida y se destapó el pastel. Un parcial de 2-16 con Rudy en modo todoterreno (15 puntos, 4 rebotes y 6 asistencias) mató el partido. Apelaba Scariolo a la ética del deporte y a tener un día más de descanso antes de una todavía hipotética semifinal, para salir a por todas. Que se le digan a Collet y a los periodistas galos, en el papel de Nostradamus, que acertaron al pie de la letra con el paupérrimo guión (48-68, min.30).

El último acto sirvió para dar minutos a un y convertir el encuentro en un correcalles propio de categorías de formación. Claver aprovechó la oportunidad. Faltas y tiros libres que alargaban el suplicio. Todos querían poner fin a esta farsa. Calderón y Pau dialogaban en el banquillo sin prestar la más mínima atención al partido. Con la máxima diferencia del encuentro (66-96), Albicy terminó lanzando de tres ante los tímidos pitos de los presentes en el Siemens Arena. Inconscientemente, el base francés logró con ese obligado lanzamiento que, por dos puntos, el circo no se conviertiera en la derrota más abultada del campeonato.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Siempre quedarán los Gasol

Un día más y un partido menos. España ha superado el vital trámite con dudosa solvencia. La despensa anda llena y la Gasol dependencia servirá para resolver papeletas de forma puntual pero no para volver a bañar de gloria a este grupo. Así sucedió en la victoria ante Alemania por 68-77. Cierto que España maquilló en buena medida las ojeras que produjo el desconcertante último cuarto ante Turquía, pero sigue jugando a bandazos, sin fluidez; a regañadientes con el aro en algunos compases del juego. Del día de hoy se esperaba con ansia el duelo de dos de los mejores jugadores europeos de la historia. Sin embargo, tal y como avisaba Scariolo en la previa, no interesaría que sobre el parqué las piezas se movieran en esa dirección. Por dos razones principalmente. Por Nowitzki y por Pau Gasol. El alemán es capaz de ganar un anillo de la NBA con la única ayuda una mecánica exquisita, de otro planeta. Por su parte, el referente español llegaba al tocado Nada que hacer. Había que buscar otras opciones.

El comienzo del encuentro fue una muestra de lo que no debía ser. Pau empezó forzando tiros (0/4), como si su sola presencia fuera la solución a todos los problemas llevan persiguiendo a España durante todo el campeonato. También lo hacía Alemania, víctima de saberse fuera del torneo en caso de derrota. Las parejas imprecisiones llevaron de la mano a ambos equipos (7-8, min. 6) durante los titubeantes primeros minutos de encuentro. Demasiado obcecados con el buque insignia que quería jugar hoy todo lo que su maltrecho tobillo izquierdo no le permitió el pasado lunes, solo Marc (24 puntos y 5 rebotes) enseñó el camino. Balón que llegaba, balón que anotaba. De todas los colores y formas, el mediano de la saga Gasol, se disfrazaba de Pau (15-16, min 10). El mejor hombre no hace al mejor equipo.

Y menos si ese mejor hombre se enfunda el disfraz de líder de forma eventual. En tierras bábaras se esperaba un día de gloria más de la mano del héroe nacional. Con el gatillo preparado en cualquier momento, desde cualquier posición y en las situaciones más insospechadas, Nowitzki aparecía y metía el susto en el cuerpo. Pero el genio de Würzburg puede hacerlo todo. Si alguna conclusión positiva emana del encuentro, más allá de la victoria en la buchaca, esa es los atisbos de intensidad defensiva. El intento 'run & gun', unas veces con más éxito y otras con menos, de Pepu y Aíto hace tiempo que pasó a mejor vida. Las ayudas a Nowitzki, 9 puntos con 2/9 en tiros al descanso, sería clave. Con Rudy en el banquillo víctima de las personales y la desesperación de tener delante a 209 centímetros de Robin Benzing, San Emeterio, quellegó como un ángel con dos triples consecutivos dejando boquiabierto al personal, y Marc se aliaron para mantener la lucha hasta que Scariolo dibujara en la pizarra una nueva solución. Con Nowitzki y Kaman en sus guarismos, había que frenar al resto. Porque una máxima diferencia de ocho puntos (18-26, min. 13) dio paso a la calma tensa. 33-36 con veinte minutos por delante en el todavía frío Siemens Arena de la capital lituana.

Momento de reapariciones estelares. Sin más dilación, llegó la locura en forma de chorreo anotador. Por suerte, este vino de la mano de Pau Gasol. Muchos le daban por muerto pero las ganas olvidaron el dolor. 10 puntos casi consecutivos esbozaron una sonrisa. En Alemania, su santísima trinidad menos aire que unos combativos Hamann (6 puntos y 3 rebotes) y Herber (7 puntos y 6 rebotes). Pequeños pero con la fuerza de sus antepasados vándalos resurgiendo de sus cenizas. Rebotes en ataque que seguían echando al traste la mejora de la defensa. Nowitzki seguía apelando a la épica. Buenas ayudas con Ibaka intentando alejar los fantasmas que invocaban la reedición de la última final del Oeste entre Mavericks y Thunder. Vaya traje del alemán a 'Air Congo', 'Durantula' y compañía. Con todo y con eso, llegó el bloqueo mental y nueve puntos se perdieron por el camino. Del 43-52 se llegó con un preocupante 55-56 al final del tercer acto. Y Nowitzki (19 puntos y 7 rebotes) apretando los dientes.

La incógnita era la nota predominante antes de diez minutos de infarto. Había mucho en juego. Con los exteriores con los habituales pésimos porcentajes tocaba jugar dentro y, de paso, forzar a la mejor pareja interior del campeonato. Tanto Kaman (15 puntos y 12 rebotes) como Nowitzki sufren en defensa más que tienen el balón. Y los hermanos Gasol lo sabían. San Emeterío seguía echando una mano indispensable (12 puntos y 3 rebotes) mientras Rudy probaba el ungüento de la desesperación en el banco. Ibaka no dudó en tranquilizarle. Momento de prestar atención a la pista. Las castañas estaban en su punto. El marcador andaba en un puño, entre los tres y los cinco puntos. Marc y Pau (19 puntos y 7 rebotes), sociedad ilimitada hasta el final del partido. Por raro que pueda parecer, Ricky, un base que juega sin mirar al aro, anduvo providencial en defensa. El empujón que necesitaba España. El 65-72 a menos de dos minutos ataba el partido. El protocolario carrusel de tiros libres solo engordó la estadística desde la personal.

Hace tiempo que España no funciona como bloque. Los bases siguen sin aparecer. Sada volvió a ser testigo de excepción de un hipnotizado Calderón y de un Ricky al que solo le basta agachar el culo en defensa para obtener la fe ciega de Scariolo. Navarro corre y corre. Aparece no cuando quiere como antaño, más bien cuando puede. Sus fogonazos alegran al personal pero no auguran nada bueno. Será la madurez. La euforia tendrá que dejar paso al humilde mono de trabajo de la clase obrera. Esa que no acapara portadas pero que trae prosperidad al colectivo. Serbia (viernes, 14.30) y Francia (domingo, 17.00) dan miedo, mucho miedo.  

Cinco días y tres finales

Dudas. Esa y no otra es la amarga conclusión que se desprende del recorrido de la selección en este Europeo. Se buscan motivos, razones para seguir soñando y no perder la fe. Pensar que todo fue una pesadilla, fruto de un mal rato, no ayudará. España debe afrontar los problemas de frente. Algo que parece difícil sin la piedra angular de este equipo. Pau Gasol no estuvo ante Turquía. Pese a ello, caer en el lamento y escudarse en el hombre que parió el baloncesto patrió no es la mejor solución. Si antes de iniciar el campeonato entregadas voces no dudaban en asegurar que estábamos ante el mejor equipo español de la historia, el juego y los resultados no opinan lo mismo. Una de cal (Lituania) y otra de arena (Turquía) mostraron una preocupante dualidad. Dos versiones, dos caras que rebajan la euforia y entierran el optimismo sistemático. Nada mejor que una buena dosis de realismo para bajar de la nube y aterrizar en el Siemens Arena  de Vilnius con energías renovadas. Al menos, a 20 km de la capital podrán gozar de la concentración necesaria en un búnker a todo trapo, en contraste con las penurías que transmitía el anteior emplazamiento en la pequeña Panevezys.

Cierto que el formato de competición no es el más justo de todos los posibles. Pero si no lo es para España, tampoco lo ha sido para las 23 selecciones repartidas por Lituania. El cansancio de los titulares es una obviedad. Fondo de armario hay. El tema es que se quiera usar o prefiramos ir todos los días con el uniforme de gala. Sin tiempo para más, tras quedar encuadrados en un grupo asequible según auguraban los mejores pronósticos, una tarde para el olvido en el Cido Arena, complica y mucho la existencia. Llega el todo o nada. La gloria o el fracaso, siempre separados por una ténue frontera en ocasiones casi inapreciable. Llegan tres partidos a vida o muerte. Tres finales anticipadas ante tres de los pesos pesados del baloncesto continental. Un grupo de la muerte llevado hasta las últimas consecuencias. El espectáculo parece garantizado. Los aficionados vibrarán y disfrutarán. Son estos partidos los que consagran y sientan cátedra. A pesar de ello, los protagonistas hubieran preferirlo sufrir en menor medida. En el horizonte los cruces y dos billetes directos para la próxima cita Olímpica. No corran, eso vendrá después.

La inesperada, por aquello de no perder la fe en la vigente campeona de Europa, derrota ante Turquía iguala las fuerzas entre los tres clasificados del grupo A. Sí, también Polonia podría haber superado a Gran Bretaña y anotar dos puntos en un cuarto no hubiera creado tanto revuelo. Pero no. Quien juega con fuego suele quemarse y los tres equipos (Lituania, Turquía y la propia España, parten con un balance de 1-1. En el otro bando, los Nowitzki, Parker o un verdugo llamado Teodosic aguardan impacientes. Por si alguien anda despistado, aquí van algunas claves de los próximos rivales de España. “El objetivo es ganar los tres”, comentaba Felipe Reyes tras ser el único hombre de la selección en hacer una canasta durante el último cuarto ante los turcos. Más que un objetivo, es una necesidad si se quieren evitar cálculos de última hora.

Alemania (Miércoles, 14.30 horas)

La primera piedra en el camino. Con Nowitzki en el equipo, la vida se ve de otra manera. El que va camino de convertirse, si es que queremos ser cautos, en el mejor europeo de todos los tiempos es vital. Pero no se confundan. Esta no es la Alemania que sin el genio de Würzburg quedó condenada al más terrible ostracismo en 2009 donde una décima plaza dejaba patente la falta de liderazgo. Peor aún en 2010, donde Jagla, que ahora solo lanza a canasta en los calentamientos, ejerció de punta de lanza para hundirse en las cloacas y acabar el Mundial de Turquía en decimoséptima posición. Tras tocar el cielo con los Mavericks, Dirk acude al rescate. Se trae consigo a su escudero Chris Kaman, que en cuanto supo de sus antepasados teutones no dudo en cruzar el charco. Eso sí, siempre de la mano del gran Robin Hood, como le gustaba decir al inolvidable Andrés Montes. Ambos forman la mejor pareja interior del campeonato. Lo sentimos por los hermanos Gasol o la posible combinación de alguno de ellos con el atleta de ébano Serge Ibaka.

Un alero (2,09 que coincide con la media de altura del combinado germano) alto como Benzing sirve de contrapunto a la dupla NBA con un tiro exterior más que aceptable Como director de orquesta un correcto Schaffartzik que parece tener la cabeza sobre los hombros. Más allá de sus temibles hombres, España deberá temer la sed de victoria. Porque Nowitzki (20,4 puntos en cinco encuentros previos) y el resto no han hecho los deberes. Las dos derrotas ante Francia (76-65) y Serbia (64-75), los otros dos equipos del grupo B presentes en esta segunda fase, les dejan en una posición preocupante. Solo el papel de Italia ha servido de empujón final. De lo contrario, hubieran tenido que sudar más de lo debido para la fecha en la que nos encontramos. Y seguirán sudando. 

Serbia (Viernes, 14.30)

La raza y la estética toman forma con un grupo de gente con mucha ilusión que ostenta la clase de sus predecesores. Lo tienen todo para triunfar. Savia nueva que alterna con hombres con experiencia en grandes equipos europeos. Una bomba de relojería que estalla cuando menos te lo esperas. Pero en los Balcanes hablar de juventud no es sinónimo de perder la cabeza. Un general como Dusan Ivkovic no se anda con tonterías. Les mantiene a raya y salvo alguna obligada concesión a su emisario en la pista Milos Teodosic, todo fluye bajo el guión previsto. Poco se deja en manos del azar. Desde las jugadas, pasando por el 'pressing' al trío arbitral, todo parece estar bajo control. Su juego se basa en tres piezas clave. La dirección de Teodosic, el mismo que apeó a España del Mundial con un triple repetido hasta la saciedad sobre Jorge Garbajosa; la técnica de Krstic, un hombre capaz de lanzar una silla a un rival al tiempo que suelta un suave gancho que acaricie con suavidad la red; y Dusko Savanovic que personifica a la perfección la recurrente figura del cuatro abierto. Cuidado con dos secundarios de lujo como Rasic, perro de presa,  y Keselj, que progresa a un ritmo de vértigo. Solo una prórroga y la encogida muñeca de Savanovic el día de su 28 cumpleaños trajeron la única derrota de la primera fase ante Francia (96-97).

Francia (Domingo, 17.00 horas)

Un equipo que ha usado la primera fase para disipar dudas. Muchos no creían que el saco de músculos galo podría tener también el temple necesario en los momentos de la verdad. Por si acaso, la inestimable aportación de un triple campeón de la NBA como Tony Parker, más seguro que nunca con el balón en las manos. También son seis los jugadores NBA que escuchan la Marsellesa antes de cada partido. Con la mano en el pecho o sin ella, según el sentimiento nacional, lo cierto es que sus caras y su juego están causando sensación. Cinco victorias en otros tantos encuentros. Aun con TP (23,2) acaparando mucho juego, hay sitio para todos. Los Batum (15,4), Diaw (11,6), e incluso la eminencia defensiva de Noah (10,2) ven aro con suma facilidad. Todo mana de la cabeza del base de los Spurs. Pero todos lo aceptan. Nadie echa en falta a un angel con cara de demonio como Ronny Turiaf ni a la mejor versión de la saga Pietrus (Mickael). Comentaba Parker los días previos al torneo estar seguro de que no veríamos a la misma versión española mostrada en la cita mundialista de 2010. En principio, quienes no están mostrando la misma cara son los alumnos del profesor Collet. Cuidado. 

La élite europea en busca de la gloria (Olímpica)

En los dos primeros grupos del torneo, el 'A' y el 'B', nadie ha querido faltar a la cita. Algún romántico de la clase de los Belinelli, Bargnani y Gallinari extrañará la no presencia de la Italia moderna y engominada. No podían estar todos. Pelea de gallos que demuestran una vez más que con tar con un tridente de sabor NBA, no garantiza el éxito. Deseos románticos aparte, están los que tienen que estar. Caprichos del destino, esta segunda fase nos dejará seis equipos que cuentan en sus filas con cinco de los grandes nombres que nacieron con el siglo XXI, ese que muchos creyeron sería el final de la existencia. De eso nada, al menos en lo baloncestístico. Un quinteto de ensueño formado por Jasikevicius, Tony Parker, Turkoglu, Nowitzki y Pau Gasol. Sobran las palabras para definir a tan altos valedores del baloncesto mundial. Todos ellos, con permiso de la nueva hornada procedente de los Balcanas, buscarán una plaza en los próximos Juegos Olímpicos de Londres. La grandeza de este repóquer de ases tiene a la cita olímpica como una espina clavada. Y el tiempo corre o en su contra. Todos llegan en la madurez de sus carreras, rozando o superando la treintena. La flor de la vida. La no clasificación para los Juegos sería un duro traspiés. Brasil 2016 quizá sea demasiado tarde. Pasar o morir. Serán cuatro los que viajarán a Kaunas para disputar la fase final. Allí, sólo tendrán premio seguro los dos finalistas que llenen el Kauno Arena en la tarde del 18 de septiembre. Del tercer al sexto puesto quedará el consuelo de la incómoda e imprevisible repesca.  

La vida sin Pau

Triste. Rozando el esperpento. Ni los más viejos del lugar recuerdan un encuentro de baloncesto donde la selección española acumulara casi nueve minutos sin anotar. Dos puntos en el último cuarto supusieron la rendición y trajeron debajo del brazo la primera derrota de este Europeo. Una derrota ante Turquía (55-67) que saca a relucir la peor cara de un grupo diseñado para ganar. Aviso para navegantes antes de medirse, en una lucha fraticida, con tres pesos pesados del baloncesto continental como Alemania, Francia y Serbia.

Llegaba España con una ligera sonrisa. Había motivo. 20 minutos de ensueño ante la anfitriona en la tarde del domingo inflaban de moral a la vigente campeona. La clasificación para la segunda fase era un hecho. Este lunes tocaba rematar la faena. La ambición no conoce límites y la posibilidad de afrontar la siguiente etapa en el campeonato con un balance de 2-0 debía ser un aliciente para salir con todo. Con todos menos con Pau. El pívot se vistió de corto pero solo pisó el parqué para chocar la mano de sus compañeros en los tiempos muertos. Problemas en su tobillo izquierdo invitaron a extremar la prudencia con la joya de la corona. Una obviedad aquello de que la vida sin el mayor exponente de nuestro baloncesto es dura.

Scariolo confía mucho en su equipo. No es para menos. Son muy buenos. Pero sin el macho alfa de la manada, el resto andan perdidos. Sin rumbo claro. En un ambiente frío, empezó España creyendo que Marc es un calco de su hermano mayor. Predominio del juego interior con Ibaka acudiendo a la llamada de la titularidad. Turquía partía con el papel de no ser ni la sombra del equipo que se coronó como subcampeón del mundo el pasado verano en su tierra. Imprecisiones en ataque y Turkoglu haciendo de 'Juan Palomo' forzando acciones, con más corazón que baloncesto. Kanter, número tres del pasado draft, y Asik andaban dormitando. Buenas sensaciones después de que un parcial de 8-0 pusiera el 19-10 a la conclusión del primer acto. Pau, serio en el banquillo, respiraba aliviado.

Pero Orhun Ene, pupilo del gran Tanjevic, guardaba un as en la manga de la mano de Emir Preldzic. Desde Bosnia, lugar de nacimiento, pasando por Eslovenia, y 'prefirió' vivir su particular pasión turca. Cual potro desbocado salió con ganas de plantar unos cada vez más confirmados credenciales. 11 puntos en apenas tres minutos contagiaban a un equipo combativo por naturaleza. La vida sin Pau no es la misma. Navarro (9 puntos) apareció para irse rapidamente. Como si la cosa no fuera con él. Pero eso vino después. Asik, pedía paso y con rebotes puntuales daba muestra de su calidad. La misma que le ha llevado a compartir vestuario en los Bulls con el MVP más joven de la historia. Mientras, la igualdad era la nota dominante. Tras un atisbo de lucidez, contados en la fría tarde en Panevezys, Calderón anotaba un triple que daba paso al tiempo de descanso (38-35).

Estaba claro que Scariolo no arriesgaría. La vida sin Pau seguía siendo dura. Tres jugadores formaban la rotación interior. Claver, la baza del técnico italiano para hacer de cuatro ocasional, no existe. Con dudas y especulaciones arrancó la segunda mitad. Quien no tenía ninguna duda era Preldzic. Otra demostración de suspensiones de todos los colores en un nuevo arreón de siete puntos concentrados en practicamente tres acciones consecutivas. Pero España resistía gracias a un invitado de gala. Felipe Reyes (11 puntos y 6 rebotes) y Marc Gasol (12 puntos y 5 rebotes), en compañía de Ibaka, hacían daño al dudoso juego interior titubeante juego interior otomano. Cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia. Del tranquilizante 48-40 del minuto 26, se pasó al algo más tenso 55-49 al final del cuarto.

Y ahí murió España. Después de una canasta aislada de Felipe no hubo más. Ni en la peor de las pesadillas alguien imaginaría que España encajaría un parcial de 0-16 en contra que solo pudo frenar el sonido de la bocina. Sin ideas, con los tres únicos interiores cargados de faltas, ni la electricidad de Rudy, las 'bombas' de Navarro, algún triple sin justificación de Marc Gasol y con los bases rotando y sobrevolando la pista cual fantasmas, poco había que hacer.

Hacia delante, con talante y buen plante. Esa es la actitud a tomar por la selección tras un cuarto que debe quedar para el olvido. El próximo miércoles dará comienzo la segunda fase. La Alemania de un tal Dirk Nowitzki espera con unas preocupantes ansias de victori tras sumar sendas derrotas en la primera fase ante Francia y Serbia, los otros dos oponentes. Casi nada. Turquía y España. Dos formas bien distintas de llegar a una segunda fase. Lamentablemente para los intereses españoles igual de válidas.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cábalas de última hora

La quinta jornada de esta vibrante primera fase tendrá varios alicientes. Afortunadamente, España no tendrá que echar mano de la calculadora ni de extrañas carambolas. Sin embargo, no todos las selecciones podrán decir lo mismo. Analizamos cómo están los grupos antes de la disputa de los encuentros de este lunes.

Grupo A

La pelota anda en el tejado de Turquía. Al equipo que acabara tercero el pasado año en el Mundial celebrado en el país otomano no le quedan muchas opciones. De hecho, todas pasan por el triunfo ante España. La inesperada derrota ante Polonia en la jornada del domingo por 84-83 reduce el margen de error de forma casi preocupante. No ocurre lo mismo en el lado español. Sabedores de que ocuparán la primera posición del grupo al término del partido, a la vigente campeona de Europa solo tendrá que saber si se plantará en la segunda fase del torneo con un balance de 1-1 o de 2-0 antes de cruzarse con los huesos del grupo B (Serbia, Francia y Alemania). Si España gana o si los polacos se imponen en su duelo ante Gran Bretaña los mejores pronósticos serán una realidad. Pero si Polonia pierde los turcos pasarán (con balance de 0-2 o 1-1 dependiendo de lo que hagan con España) salvo que una catástrofe sobrevuele Panevezys y haga que la pandilla de Luol Deng y sus jóvenes secuaces ganen a los Kelati y cia por más de 60 puntos. Impensable a la par que improbable. En medio de esta lucha a vida o muerte se encuentra una Lituania tocada que acabará de confirmar la segunda plaza ante una Portugal que no conoce la victoria.

Grupo B

El catalogado como grupo de la muerte pronto fue dibujando su propio devenir. Eran cuatro las selecciones con opciones y solo pasan tres. Sin embargo, la Italia de los egos no ha cumplido. Gallinari, Bargnani y Belinelli dejan Lituania con una lucha personal y una mala imagen. Pase lo que pase este lunes, Serbia, Francia y Alemania tienen un billete asegurado para la siguiente fase. El primer puesto del grupo saldrá del duelo entre serbios y galos. Quien salga vencedor obtendrá el mayor de los tesoros. Un perfecto  balance de 2-0 para afrontar el segundo acto del campeonato. Privada de esta posibilidad se verá Alemania. Tras un arranque ilusionante ante Israel e Italia, los cimientos se tambelearon ante Francia y Serbia. El partido de esta tarde ante Letonia servirá de preparación de cara a la vital trilogía de la segunda fase. 

Grupo C

La emoción está asegurada. Tras los cuatro primeras jornadas, solo Macedonia está clasificada de forma automática y otros tres equipos (Grecia, Bosnia y Croacia) tienen opciones matemáticas de seguir vivos en el torneo. Solo Montenegro (1-3) está fuera haga lo que haga esta tarde ante Finlandia. Así las cosas, estas son las combinaciones que terminarán por confirmar quienes serán las selecciones clasificadas.

Macedonia, de la mano del estadounidense Bo McCalebb será primera de grupo y guardará un balance de 2-0 si gana a Bosnia. En caso de derrota ante el duelo Teletovic-Domercant, serán segundos o terceros con 1-1 en su haber. Algo peor lo tiene la renovada Grecia. Sin sus líderes de antaño, el dominio brilla por su ausencia. El futuro depende de sí mismos. Si gana a Croacia se clasificará como primera o segunda de grupo y con balance 1-1 en la segunda fase. Los problemas vendrán en caso de derrota. Tocará esperar el resultado entre Macedonia y Bosnia. Una victoria de los bosnios les mandaría de vuelta a casa con una mano delante y otra detrás. 

La Croacia de un diamante en bruto como Bojan Bogdanovic depende de sí misma. Si vence a Grecia hay premio. En caso contrario, nada que hacer. Si consigue su tercera victoria momento para coger un sitio privilegiado en la segunda fase. Si gana y Bosnia cae ante Macedonia, se mete con 0-2. Si lo hace Macedonia lo hará con un registro de 1-1 ya que Grecia quedaría clasificada. Momento para Bosnia. Una victoria ante Macedonia no traería ningún problemas. Clasificada como primera  (2-0) si los croatas ganan a Greacia o segunda (1-1) si gana Grecia a Croacia). En caso de derrota vendrían las pegas y sería tiempo para tirar de carambolas. Solo se clasifica si Grecia derrota a Croacia y Montenegro a Finlandia. Esto haría que se vieran favorecidos por un triple empate (con balance de 0-2).

Por último Finlandia también tiene algo que decir. Aunque algo más complicado, los fineses se aferran con uñas y dientes a la supervivencia. Lo que empezó con la primera victoria en un Europeo en 34 años se ha convertido en el inicio de un sueño. Realmente, solo tiene una opción de clasificación, que pasa por ganar su choque ante Montenegro y aguardan impacientemente a que Grecia y Macedonia no fallen. Si eso se da, un triple empate le metería como tercera. Eso sí con balance de 0-2, no vayan a pensar...

Grupo D

Se veía venir. Lo lógico y lo normal era que Rusia y Eslovenia tuvieran todo bajo control. Solo falta decidir quien pasará como primero y con 2-0 en el currículum. La respuesta la darán ellos mismos a partir de las 17.00 horas. Duelo con más tensión será el que libren Georgia y Bulgaria. La tercera plaza está en juego. Fácil y sencillo: Bulgaria debe ganar a Pachulia, Tskitishvili, Haynes y compañía por 14 o más puntos. También se meterán aun cayendo por menos de esta diferencia si Ucrania se despide con derrota ante la Bélgica de un campeón de la NBA como Mbenga. Por tanto, Ucrania y Bélgica, sin opciones matemáticas, podrán dar juego. 

Un lustro de 'BA-LON-CES-TO'

Casi sin darnos cuenta, tal día como hoy hace cinco años, el baloncesto español se bañó en oro. El 3 de septiembre de 2006, la ciudad japonesa de Saitama fue testigo del día más grande en la historia del deporte de la canasta en nuestro país. Fruto de una generación de jugadores inigualable, que aún mantiene a sus pesos pesados en la cresta de la ola, España sintió como el mundo entero estaba bajo sus pies. La plata cosechada en Los Ángeles '84 ante Estados Unidos había sido superada. Por un momento, en los bares, quioscos, colegios u oficinas, el baloncesto tuvo un lugar privilegiado. No era para menos. Aunque en ocasiones pueda parecer lo contrario, en la vida, pocas son las cosas que se dejan en manos del azar. No digan azar. Llámenle destino.

Llegaba España a Japón tras un pequeño borrón en una década llena de éxitos a nivel continental. Salvo en el Eurobasket de 2005, donde terminó en cuarta posición tras sucumbir ante Francia, siempre se subió al podio. Ampliando las fronteras, había que remontarse hasta el año 1982 y la cuarta posición lograda en el Mundial de Colombia. Epi y compañía no pudieron con la estética y la clase de los yugoslavos. Sin embargo, el siglo XXI traía bajo el brazo aires de cambio. Todo gracias a un grupo de chavales nacidos en el 80. Los mismos que lograron el cetro mundial junior allá por 1999 en Lisboa, estaban listos para dar seguir dado alegrías. Y vaya si las han seguido dando (Plata en Pekin 2008 y Europeo en Polonia 2009). Junto a ellos, algunos integrantes con tintes de 'vieja guardia' y otros con rostró aniñado listos para deslumbrar con el desparpajo de alguien seguro de sí mismo, sabedor que el momento ha llegado y debe aprovechar cada una de las oportunidades que se le brinde.

Y así fue. Sin juicios públicos previos y desestabilizadores debates paralelos, el combinado nacional se plantó en el país del sol naciente con un grupo unido con una jerarquía indiscutible. La ciudad de Hiroshima, téstigo de uno de los episodios más sangrientos de la historia, fue un lugar tranquilo. España, encuadrada en el grupo B, se deshizo con holgura de Nueva Zelanda (86-70), Panamá (57-101), Alemania (71-92), Angola (93-83) y Japón (55-104). Cada uno de los cinco triunfos no hizo más que confirmar que algo había cambiado. El buen juego daba alas e invitaba a soñar. Llegaban los temidos cruces. El 'win or go home' siempre incrementa el nerviosismo y la tensión. Momento para que la calidad salga a pasear. Cierto que un día malo lo tiene cualquiera. Pero el deporte no entiende de justicia. El margen de error reducido a su máxima expresión. Había que estar preparado para la hora de la verdad.

En octavos tocaba Serbia. Cuartos en su grupo de seis por detrás de una gran selección nigeriana, Los balcánicos no llegaban finos. Pero como el peor de los enémigos, nadie se fiaba. Pepu Hernández, flamante capitán de la nave desde el banquillo en aquella cita, preparó a conciencia el encuentro. Sobre el parqué, nadie defraudó. Un choque brillante que evitó un sufrimiento que se daba por seguro antes de que el árbitro lanzara el balón al aire desde el centro de la pista. 87-75. Lituania esperaba en cuartos. Una de las más fructíferas canteras europeas desde que en 1991 la antigua URSS pasar a mejor vida, venía en un momento verdaderamente reseñable. Agua. Contundente 89-67 y a correr.

En semifinales más de veinte años después. La lucha por las medallas había llegado casi sin avisar. Preocupaba la falta de competitividad y el dominio ejercido en los siete encuentros previos. También lo era el rival. Una Argentina con medio equipo criado en nuestro país creía en sí misma y así lo demostró. El 'showtime' de los días anteriores abrieron paso a la épica y al corazón. Más cuando se había dejado dilapidado una ventaja de nueve puntos en el último periodo y el mundo era testigo de excepción de la desafortunada lesión de Pau Gasol. Sin embargo, la dosis de fortuna (llamenle destino) que todo campeón requiere apareció en el momento adecuado. Con un punto arriba en el marcador, después de que Calderón convirtiera uno de sus dos tiros libres, los argentinos tenían ante sí la opción de hacerse con la victoria y poner fin a un sueño. De hecho, los Scola, Nocioni, Ginóbili y compañía decidieron forzar la falta previa sobre el base español para gozar de los últimos 24 segundos. Pepu ordenó no hacer falta, agachar el culo y defender. Con el corazón en un puño el balón llegó al 'Chapu' Nocioni que falló desde el lateral. Tiempo para creer.

Andrés Montes se desgañitaba como hiciera en la finales de la NBA de 1998 enl último anillo de Michael Jordan. Una vez más, fue la voz de todos. Llegaba la final. El partido más importante sus vidas. Un choque que, según reza el acervo colectivo, hay que perder para poder ganar algún día. Momento de romper tan absurda convicción. Paradójicamente, sin Pau, el grupo fue más piña que nunca. No fue necesaria su presencia como tampoco lo fue para que se erigiera en el consensuado MVP del torneo.

Comentaba el mítico Yannakis, técnico de Grecia por aquellas fechas, antes de la final que ante la ausencia del buque insignia de un equipo pueden suceder dos cosas. Por un lado, que el grupo se bloqueé y las ideas bombillescas brillen por su ausencia. O, por su parte, que aúnen sus talentos con más fuerza para superar las dificultades. España optó por hacer todo lo contrario. Por su faltaba algún aliciente, horas antes del partido llegó la terrible noticia del fallecimiento del padre del seleccionador. Una dosis de emotividad y sentimiento que reconfortó más si cabe.

De la mano de un extraordinario planteamiento desde el banquillo con una defensa de ayudas de manual y el siempre necesario acierto en ataque, los griegos Spanoulis, Papaloukas o Diamantidis no fueron ni la sombra del equipo que consiguió pasar por encima de EE.UU en semifinales. Destacar la labor de un Marc Gasol quien un lustro después reconoce que se erizan los pelos de su piel cada vez que rememora tan feliz acontecimiento. Con 21 años y 30 kilos después, frenó en seco a un mounstro llamado Schortsanitis. Garbajosa funcionando a pleno rendimiento desde más allá de la línea de tres, situada entonces en el 6,25. Grecia no se esperaba el concierto de una orquesta con un director inyectando sobre la pista los acordes para crear una armónica melodía que hipnotizara al cuadro heleno. 43-23 al descanso. En la segunda mitad, ni el siempre combativo carárter de los griegos tuvo lugar. Histórico y humillante 70-47. 23 puntos de diferencia en el que fue el segundo resultado más abultado de la historia, solo por detras de los 44 puntos por los que el inigualable 'Drem Team' superó a Rusia en la final del Mundial de Toronto en 1994.

Fue el triunfo del actor secundario. Siempre a la estela del fútbol, ese "ba-lon-ces-to" al que hizo alusión Pepu en su flamante llegada a Madrid obtenía por fin una victoria que quedó grabada a fuego en las retinas de todos los españoles. Un lugar privilegiado en los anales de la hisoria que nada ni nadie será capaz de borrar. Tal y como recuerda el propio Pepu en la efeméride del acontecimiento: “Los aficionados al baloncesto estaban encantados y muy contentos”. Eso, por descontado. A partir de ahí, como comenta el actual técnico de Asefa Estudiantes, brotó “un sentimiento especial hacia el baloncesto en distintas partes de la sociedad”. Como en botica, hubo de todo. Pero, por encima de todo, existió una alineación de elementos que hizo posible convertirnos en el mejor equipo del mundo. Como las grandes recetas de los más reconocidos chefs, cada ingrediente anduvo medido escrupulosamente. El tiempo de cocción fue el adecuado. En su punto. El manjar estaba listo para saciar el hambre de los más de 40 millones de comensales que esperaban en España. Un éxito del baloncesto, del deporte español, y por qué no decirlo, de todos lo españoles.

Las mejores imágenes de la victoria

Un sufrimiento innecesario

Llegó el momento. Luces, cámara, acción. España iniciaba la defensa del cetro continental con ganas e ilusión. La misma que Milos Teodosic esfumó de un plomazo con un triple imposible en el pasado Mundial de Turquía. Un año después, a la que muchos no han dudado en calificar como el mejor grupo de nuestra historia, le gustaría reservar las sorpresas para otras ocasiones. Dentro de la pista, la intensidad, defensa y rebote brillaron por su ausencia. Quizá no era el día para poner a prueba el nivel del combinado nacional. Sobre el cartel, Polonia no era rival. Tampoco estaba previsto generar tal sufrimiento a los corazones de los aficiones que toman al dedillo el mensaje que llega desde las más altas instancias de la Federación y cuerpo técnico. El 83-78 final da una muestra del mal pie con el que ha iniciado España su andadura en el campeonato. 

Todo marchaba bajo el guión establecido. Duraron los polacos lo que tardó en arrancar un motor de explosión llamado Juan Carlos Navarro (23 puntos). Porque la bandera de este equipo hondeó desde el principio. Y es que, sabedor de su peso relativo en el grupo, Pau Gasol (29 puntos y 7 rebotes) asume la responsabilidad. Cuando tan ansiado acontecimiento tuvo lugar, la nave, comenzo su despegue. Con los amigos a tono, los tiros en transición y el dominio interior estuvieron garantizados. 22-15 al término del primer cuarto con la segunda unidad ya en pista.

Pensó Scariolo que todo estaba hecho antes de tiempo. En cierto modo, todos lo pensamos. Emotivo momento ver a Felipe Reyes sobre el parqué. Aunque España no lograba despegar, las diferencias se mantenían por encima de la barrera psicológica de los diez puntos. Más rotaciones y una sospechosa relajación que nadie terminaba de entender. Serge Ibaka,  máximo taponador de la NBA la pasada temporada anduvo gris en los casi 34 minutos que permaneció en pista. La ausencia de Rudy, de regreso al vestuario víctima de una inoportuna alergia, se notó. Los amistosos quedaron atrás. Se le criticó a Scariolo lo preocupante del peso del cinco inicial. Después de este olvidable estreno, la críticas cambiarán de acera. Con todo y con eso, el 44-31 al término de los dos primeros cuartos no levantaron excesivas sospechas.

Tras el descanso, España se transformó.  Se entiende que para mal. Marc Gasol (16 puntos y 7 rebotes) anduvo solo, con más minutos para los menos habituales. Y Polonia hacía la goma, como el más cobarde e indefenso de los ciclistas. Le salió bien. 61-52 al final del tercer cuarto. Llegaban con el cuento de las sensibles ausencias de Gortat, Ignerski, Logan y Lampe. Solo les quedaba confiar en un eritreo con pasaporte norteamericano. Thomas Kelati (18 puntos y 7 asistencias) respondió al grito de todo un país. Acompañado por un acertado  Lukasz Koszarek (19 puntos), estuvieron avispados para aprovechar cualquier atisbo de meter presión a una España cada vez más perdida sobre la cancha. El último cuarto no supuso más que la confirmación de las sospechas. En algo más de tres minutos se pasó del 59-44 al incomprensible 63-57. Tiempos muertos y gestos de incredulidad en el banquillo español. Gasol y Navarro seguían cometiendo incombustibles apariciones. Rachas que no terminaban de alejar los fantasmas de la derrota, que seguía sobrevolando el ambiente. La línea de tiros libres era el recurso que los polacos supieron exprimir al máximo. España, más bien que mal, respondió (34/43). 

Erráticos desde el perímetro durante los 40 minutos (3/16 en triples), Pau Gasol, impaciente en el banco, esperaba salir tras un arañazo que le hizo regresar con un aparatoso vendaje. Había que estar preparado la batalla final. Y por suerte, junto a su escudero de toda la vida, consiguieron dar aire. Los minutos pasaban y la tensa calma se tornó en sufrimiento. Koszarek y Kelati, con Hrycaniuk (12 puntos y 9 rebotes) en la pintura rebañando todo lo que se salía, apretaron las tuercas a España. 80-78 a menos de un minuto para el final. Dos tiros libres de Navarro y una buena defensa posterior acabaron por traer la calma. Con el reloj a cero, Pau acabó por poner el 83-78 final.

Cuando Sada, que llegó tras el último descarte de Scariolo, es el mejor de los tres bases y medio que tiene el equipo, hay algo que falla. No porque el director de orquesta del Regal Barcelona no ostente la calidad requerida, sino porque se espera más de dos NBA como Calderón, veteranía y cordura, y Ricky, agradable locura. Llull no respondía. Claver terminó jugando de tres, perdido, sin la continuidad que le grabe en la frente la etiqueta de 'realidad'.  El diseño de la competición no permite lugar para la reflexión. El próximo jueves (14.15 horas), segundo asalto ante una Portugal con la que se espera reducir el nivel de sufrimiento. De lo contrario, Lituania y Turquía llegarán impertinentes. Faltando el respeto al campeón. 

Los 12 de España

Llegó la hora de la verdad. El triple imposible de Teodosic pertenece al pasado. Toca vivir el presente. El sueño de repetir el oro logrado en el Eurobasket de Polonia hace dos años está en el punto de mira de todos. Quince fueron los hombres que iniciaron la andadura. La FIBA, tras marear la perdiz más de la cuenta, decidió que la lista de cada uno de los equipos debía estar formada por 12 jugadores. La selección española, con Scariolo al frente, para lo bueno y lo malo, estuvo hábil para confeccionar su escuadra. Rafa Martínez y Xavi Rey fueron los primeros en caerse del cartel. Algo más costó decidir quién sería el tercer y último descarte. Por tercera vez en su todavía corta andadura como profesional Carlos Suárez se llevó la palma. Ya incorporado a la disciplina de su actual club, el Real Madrid, el alero de Aranjuez seguirá trabajando duro para estar presente en la próxima cita: en principio, y si todo marcha bajo el guión previsto, será en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012.

La amistosos de preparación de cara al torneo, como casi siempre desde que los juniors de oro son conforman la columna vertebral de la selección, ha sido coser y cantar. Reparto de sonrisas a lo largo y ancho de la geografía nacional y poco más. Ocho partidos: siete victorias y una sola derrota es el bagaje. Resultado engañoso. Triunfo ante una Francia que no termina de hallar el 'feeling' necesario. Grandes nombres que no hacen un gran equipo. Ni que decir tiene que los dos encuentros ante Australia fueron puro trámite ante un grupo anárquico en el juego. Bulgaria, con los hermanos Ivanov y un Videnov acaparador del juego, poco tiene que hacer. Otro cantar es el caso de la anfitriona. Bien en el Madrid Arena y aviso para navegantes en la inauguración del Kauno Arena, escenario de la fase final del torneo. 12 puntos de ventaja (88-76) que pudieron ser más (también menos). La cara B de un grupo que esperemos permanezca enterrada durante el campeonato.

Con la lista hecha, llegó el mazazo del repentino fallecimiento del padre de los hermanos Reyes. 'Espartaco', como gustaba llamar al irrepetible Andrés Montes, rompía de dolor. Y con él toda la gran familia que conforma este conjunto de excelentes jugadores y enormes personas. Emotiva victoria ante Australia. Psicológicamente el menor de los hermanos Reyes no está pasa por su mejor momento. Aún así, Felipe ha viajado con el grupo. ¿Qué mejor manera de rendirle homenaje a su progenitor que regresar de Lituania con una medalla de oro bajo el brazo?

¿Quién es quién en la selección?

-Pau Gasol. La referencia. Ha vuelto. El mejor jugador de baloncesto que ha dado este país, regresa tras su sonada ausencia en el Mundial de Turquía para ejercer de líder absoluto. Muchos serán los ojos que observen cada uno de sus pasos de forma minuciosa. Su simple presencia en el parqué da otro aire. Desahoga al tiempo que transmite seguridad al resto. La vida es más fácil con él. Además del cetro continental, la clasificación para los Juegos Olímpicos está en juego. Si el doble campeón de la NBA con los Lakers funciona, hay mucho terreno ganado. ¿MVP? Posiblemente.

-Calderón. Como agua de mayo. Esta dicho de tan hondo calado en el imaginario colectivo, define a la perfección la imperiosa necesidad de la vuelta al grupo de José Manuel Calderón. Uno de los tres mejores bases del continente (para algunos el mejor), tiene a su disposición la confianza de Scariolo. Su inoportuna lesión en Turquía desconcertó a todos. El reflejo quedó patente en el juego del grupo. No llega en su mejor momento, pero ha evolucionado positivamente en cada partido. Indiscutible.

-Ricky. Al fin. Parece que, tal y como ha comentado el propio jugador en alguna ocasión, haber esclarecido su futuro con los Wolves (aunque por el momento el lockout sigue vigente) le ha vendio muy bien. Un año aciago en lo personal que parece haber encontrado la luz al final del tunel. Su gesto nada tiene que ver con el que observaba desde el banquillo del Palau los partidos de la pasada edición de la final ACB.

-Sada. Defensa y sacrificio. Un premio. Lo merecía. A sus 27 años es el debutante del grupo. Un suplente de lujo que supedita los intereses personales en beneficio del grupo. Necesario.

-Juan Carlos Navarro. El que nunca falla. Los años pasan y la vida sigue igual. La madurez ha llegado a la vida del inseparable escudero de Gasol en este equipo. Cuando el balón quema ahí está. Una bomba de oxígeno cada vez que el balón perfora la red rival sin piedad. Y seguirá así, que nadie lo dude.

-Rudy Fernández. Las especulaciones sobre su futuro de las últimas semanas no le han ayudado. Años difíciles en los Blazers le preceden. Pero la clase innate se mantiene intacta. Se espera mucho de él.

-Sergio Llull. Caliente, caliente. Si existe un microondas en este equipo ese es el menorquín del Real Madrid. Base reconvertido a escolta o escolta reconvertido a base, según las opiniones. Su presencia en pista es sinónimo de intensidad y velocidad. Segunda unidad en estado puro.

-San Emeterio. Todoterreno. MVP de la ACB. Requisito indispensable para poder former parte de este grupo. Su rol respecto al Caja Laboral cambiará sensiblemente. Se espera que aparezca para ser uno de los líderes de la segunda unidad. Rebote, fuerza y penetración, sus credenciales.

-Marc Gasol. Consagrado.  Hace tiempo que dejó de ser el mediano de la saga de los Gasol para convertirse en 'Marc'. Así reza la parte trasera de su elástica. Más center que su hermano, su mejora en el tiro y la confianza cosechada en Estados Unidos le han hecho convertirse en otro referente interior.

-Felipe Reyes. Va por tí, papá. Hace menos de una semana su padre Alfonso fallecía de un infarto de manera repentina. Un palo difícil de superar. Hundido, su familia le dijo que debía estar. Que lo hiciera por él. Y el pasado lunes 29 de agosto estaba en Barajas dispuesto dar lo mejor de sí que es mucho.

-Serge Ibaka. El que faltaba. Cuando José Blanco anunció, no sin ciertos problemas, la nacionalización del pívot congoleño de los Oklahoma City Thunder cualquier persona que le conociera mínimamente esbozó una pequeña sonrisa. Llegaba el último eslabón de la cadena. Un león africano, inédito hasta la fecha en la fauna ibérica. A sus 21 años (cumplirá 22 el día 18), su límite es el cielo. El mismo cielo que encapota cada vez que sus alargados brazos de ébano se erigen para taponar a un contrario.

-Víctor Claver. El deseo de Scariolo hecho realidad. Muchos fueron los que dudaron de su nivel. Cierto es que el jugador del Valencia Basket no conseguido acallar las críticas con buen juego. Pero en el baloncesto español los 'claveres' brillan por su ausencia. ¿Qué jugador hay con su rapidez, agilidad y físico, sobrepasando los 2,05? No debemos olvidar que en el campeonato, a priori uno de los más disputados en los últimos años, España se encontrará con jugadores de similar estatura, rápidos y desequilibrantes. Será el caso de Danilo Gallinari en la azzurra, Luol Deng en Gran Bretaña o Boris Diaw en Francia. En palabras de Scariolo, una obligación el llevarle. "El tema de Víctor Claver no es cómo yo lo vea, sino lo que considero que el equipo necesita. También veo que puede tener dos roles, de '3' y de '4', pero aquí sí que va más de '4', no hay otro en ese nivel. Es cuestión de hechos, de lo que realmente ofrece el panorama de los jugadores españoles".



Posibles críticas aparte, innegablemente nos encontramos ante el mejor selección española de la historia. Nunca antes, la mitad del equipo militaba en la NBA. ¿Cambios? Sí. Pero como suele ser recomendable, para mejor. Preocupa el rebote defensivo en ciertos compases de los partidos y el reparto desequilibrado de los minutos. La reconversión hacia un equipo más equilibrado, que acarrée una excesiva dependencia exterior,  es beneficiosa. Garbajosa y Mumbrú se fueron. Otro vendrán. Y ya han llegado. los La única decisión discutible era la inclusión de tres bases más un Sergio Llull que puede ejercer como director de orquesta o, por el contrario, jugársela con Calderón y Ricky y esperar con Llull en la recámara para situaciones puntuales. Tras lo ocurrido en tierras otomanas el pasado verano, Scariolo no ha querido arriesgar. Tres bases y medio y Suárez a casa. Sada lo merecía y Ricky ha despertado de un letargo que preocupaba a todos. Nadie dijo que fuera fácil.